El tiempo es algo que siempre me ha llamado la atención, hay tantas cosas que quisiera hacer en esta vida y estoy seguro de que moriré antes de lograr concretarlas.
Es curioso cómo cuando uno es niño piensa que el tiempo es eterno y que transcurre en cámara lenta. Recuerdo cómo las vacaciones entre cada año escolar eran suficientes como para pasar algunos videojuegos y pasarla de lujo antes de regresar al arduo trabajo que implicaba estudiar. También parecía interminable el tiempo que transcurre entre cada navidad, cumpleaños o alguna otra festividad.
Hoy en día el tiempo pasa tan rápido que sin darte cuenta ya tienes un par de años más encima. Las responsabilidades y el estrés propios de la adultez succionan tu energía y a pesar de no ser tan viejo ya te sientes acabado, agotado, agobiado.
Ya no le puedo dedicar el tiempo que solía dedicarle antes a las actividades que me gusta realizar, el tiempo de ocio es cada vez menor y eso se resiente. Quizás en la vejez recupere un poco del tiempo perdido pero me temo que para ese entonces ya no tendré la energía que solía tener.
Ojalá fuéramos como pilas recargables y tuviéramos la capacidad de vivir por siempre, me gusta todo lo que me ha tocado vivir pero me entristece todo lo que me perderé cuando inevitablemente llegue el momento de decir adiós.
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